Wednesday, June 07, 2006

MURIEL CHAZALON , LA MUJER QUE ENSEÑA A CORRER CON LOBOS


Una entrevista de Patricia Pari Zanetti publicada en www.malachuca.com


Llegué al taller Mujeres que corren con los lobos, basado en el libro de la psicoanalista Jungüiana Clarisa Pinkola Estés, por recomendación de una amiga. Confieso que me acerqué con cierto escepticismo.
Como tantas mujeres, me interesa conocerme mejor, pero no tenía ganas de emprender otra aventura feminista-intelectual y además... ¿Qué quería decir eso correr con los lobos?

La primera sesión me bastó para dejar caer las barreras y adentrarme en un terreno mágico y profundo, de la mano de Muriel.

Correr con lobos puede ser diferente para cada mujer: reencontrarse con una misma, hacer las paces con las demás mujeres, iniciarse en el conocimiento de aspectos de nuestra personalidad que no sospechábamos

Pero… ¿Quién es Muriel Chazalon?
Puedo decir que nací en una región llamada Les Cévennes, en Lozère, una de las comarcas menos poblada de Francia, en el centro-sur del país, y que he vivido durante toda mi infancia en pequeños pueblos de montaña. Mi padre era maestro y cambiábamos de lugar de residencia cada dos o tres años. De allí, en parte, una concepción de la vida unida para mí a un cierto nomadismo. No estoy demasiado apegada a mi carné de identidad, no me siento encerrada en una identidad establecida una vez por todas…“soy una mujer-itinerante en busca de vías de inspiración, siguiendo caminos”… Desde niña, he estado en contacto con la naturaleza: montañas, bosques, senderos pedregosos, caminos de bosque, arroyos, viento, landa, nieve, rocas, animales, estos eran los elementos en los que me desenvolvía… Creo que a partir de entonces aprendí a estar a la escucha de otros lenguajes no-humanos (alaridos, murmullos, cuchicheos, gruñidos, crujidos, siseos, susurros, silbidos, rumores…), y a practicar un lenguaje que revelaba una intensidad – casi magnética – de estar viva, de sentirme viva...Hacer una experiencia tan temprana de la naturaleza, en los doce primeros años de mi vida, ha sido determinante en este recorrido. Este paisaje sigue siendo esencial en mi geografía interior. En Francia, empecé estudios de filosofía aunque no acabé la carrera. Seguí también cursos de literatura, de poética, que continué aquí, asistiendo como oyente durante cinco años a cursos de doctorado (antropología, psicología, estudios sobre el imaginario) en la universidad de Barcelona. A mi llegada a España, a los 22 años, inicio mi formación como astróloga, y empiezo también a interesarme por la psicología, la astronomía, la simbología… etc. hasta la actualidad.

Comencemos por el principio: de Francia a España, ¿cómo ha sido el trayecto que te ha traído hasta aquí?
En todo lo que hago, existe raramente una elección absoluta, una decisión perentoria. Es más bien siempre un juego del azar y de la necesidad. Primero, hubo un deseo. Un deseo de salir de mi país de origen tanto por razones personales, familiares, como por una fuerte aspiración a estar en contacto con otros horizontes… Luego, el deseo cobró forma: tuve la posibilidad de hacerlo… Dudé un tiempo entre Irlanda y España, y finalmente ganaron las tierras ibéricas… aquí conocía alguna gente… y tenía fuertes lazos afectivos que fueron determinantes en esta dirección… Llegué primero a la región valenciana, a Castellón (allí es donde empiezo a interesarme por la astrología)… luego Menorca… Cataluña… Euskadi, y finalmente Sant Celoni donde vivo actualmente…

MUJERES QUE CORREN CON LOS LOBOS

¿Cómo llegó el libro “Mujeres que corren con los lobos” a tu vida?
Como muchas de las cosas importantes de mi vida, diría que por azar y por necesidad… Estaba pasando, emocional y psicológicamente, por una situación delicada, difícil, dolorosa, y estaba “tocando fondo” como bien se dice. En junio del 99, en el breve espacio de 10 días, dos amigas me hablaron del libro, y una de ellas me lo regaló. En cuanto vi la portada (la primera edición de tapas duras, rojas y sombrías, ojo y bosques) supe que tenía que leerlo: ¿cuál era este misterioso nexo, que la tipografía del título resaltaba en blanco, entre “mujeres” y “lobos”? Deseo y necesidad se unían en una curiosa invocación que iba a resultar de lo más fértil, desbordando, con creces, cualquiera de mis expectativas…

¿Qué representa este libro para ti?
La lectura del libro en esa época crítica de mi vida fue, ante todo, una bocanada de aire para seguir adelante, una inspiración…. Su lenguaje resonó con mi propio proceso: perseverar, lobos, huellas, naturaleza salvaje, resistir, transformar, lejana pelvis, vida-muerte-vida… todas estas palabras estaban cargadas para mí de un profundo sentido, fueron palabras-guías… Más adelante, el trabajo con el libro y su estudio más profundo me llevaron a replantearme, como mujer, gran parte de mi trayectoria. Para mí tanto el libro como la crisis fueron una ocasión para reelaborar lo aprendido, para hacer una serie de reajustes, y evaluar ciertos aspectos de mi vida, explorar vías apenas transitadas anteriormente, eliminar lo ya inservible, aprender a ir más ligera de equipaje. Toda pérdida conlleva una ganancia… Esto ya no se olvida…

¿Cómo comenzaron a plasmarse los talleres?
Mi primer planteamiento en 1999 fue más una un vocación de juntar a las amigas y a las conocidas de Sant Celoni con las cuales hablábamos del libro cuando nos encontrábamos por la calle. Al año siguiente escribí, una reseña sobre el libro “Mujeres que corren con los lobos” en una revista del centro L´Eixam, en Sant Celoni, y esta reseña llegó a Àngels Grasses de la Llibreria Próleg. Àngels me llamó, hablamos y aquí me tienes, después de seis años, coordinando los grupos “de lobas” en Barcelona. El precario y entusiasta primer taller de lobas se convirtió en un taller quincenal permanente (¡de momento!) en Barcelona en la librería Pròleg”. Paralelamente, sigo coordinando el taller de Sant Celoni donde mensualmente seguimos trabajando. Las diversas implicaciones que resultaron de esta tarea fueron para mi importantísimas, pues acabaron siendo tanto de orden psicológico, emocional, afectivo como epistemológico y conceptual. Más de 150 mujeres han transitado ya por los diversos talleres en estos años…

¿Porqué deciden las mujeres hacer un taller como éste?
Creo que hay tantas razones como mujeres… Unas por la misma razón que empecé yo, de alguna manera por qué lo necesitan, porque están en camino oscuramente hacia algo que no es sino ellas mismas y encuentran en este libro las palabras que nombran su búsqueda, o algunos de los mojones del camino… Otras porque les ha llegado el libro “por casualidad” y dicen “vamos a ver de qué va esto…”, otras porque lo retoman después de tenerlo “cerrado” durante varios meses en la estantería, incluso algunas “despistadas” que no saben muy bien qué vienen a hacer aquí, llevadas por una amiga, llegan y se quedan, otras se van, no es su momento, no es su lenguaje, no es su ritmo, su canción… A menudo no sabemos muy bien por qué estamos donde estamos pero con el tiempo, si dejamos que el tiempo se vaya desplegando, se van dibujando otras razones.
La mayoría vienen porque quieren “entender” mejor lo que apenas intuyen, porque se replantean su papel familiar o su función social, porque siguen adelante en su búsqueda de la identidad femenina... A menudo, porque ciertas heridas o enfermedades, ciertos traumas o malestares acucian… o porque necesitan fuerzas para seguir caminando y encuentran en este libro un “reconstituyente”, “vitaminas para el alma” como dice Clarissa.

Como participante del taller, advertí que cuando alguna participante te pedía un consejo o una indicación, tú te escabullías con toda elegancia…

La idea que subyace al taller y que repetidamente emerge del libro de Clarissa, es la de volver a nosotras mismas, a nuestro sentir profundo, aprender a clarificar nuestro pensar…
Ya sé que “pedir consejo es cosa de sabios”, pero en los talleres considero fundamental, por lo menos en un primer tiempo, que cada una de las participantes aprenda a hacerse preguntas, que aprenda a “vivir con las preguntas”, como decía Rilke, que se ejercite en volver a ella misma, antes de querer recibir consejos obviando así hacer el propio trabajo de fondo. Entrar en ti misma y ver cómo te sientes es el inicio de cualquier proceso de auto-conocimiento. O entramos en lo hondo de nosotras mismas, o nos quedamos en la superficie. El taller proporciona el espacio, el tiempo, el ambiente para que este trabajo individual pueda realizarse. En lugar de consejos, proporciona llaves para abrir –metafóricamente- tus propias puertas: ¿Qué siento? ¿Desde dónde hablo? ¿Cómo estoy en el fondo? ¿Qué deseo realmente? ¿Qué nivel de escucha tengo?
Todas estas preguntas son llaves sencillas. Luego hay que practicar, introducirlas en las cerraduras, abrir las puertas, resistir lo que se ve, y tal vez darse cuenta a continuación que no hay ni puertas, ni cerraduras (¡risas!)… Cada uno anda su camino a su modo, con su ritmo.

¿Crees que las mujeres necesitamos guía – a veces prolongada – hasta llegar a ser soberanas de nosotras mismas?
En el cuento del Patito Feo, Clarissa aborda varios temas básicos acerca del exilio, del crecimiento y del proceso de florecimiento de la psique humana. Allí comenta no sólo que “la necesidad de guía y de consejo nunca termina” sino que incluso “no conviene que termine desde el punto de vista de la profunda vida creativa de las mujeres”. Y hace hincapié en el hecho, para ella fundamental, de que las relaciones entre las mujeres (tanto si son entre mujeres que comparten la misma sangre como si son entre lo que ella llama “compañeras psíquicas”, es decir analista-paciente, profesora-alumna, o almas gemelas), estas relaciones, cito textualmente, son relaciones de parentesco de la máxima importancia.
Nuestro derecho como mujeres, insiste mucho en ello Clarissa, es crecer, no simplemente sobrevivir, y para esto, hay que “exponernos a situaciones propicias para el crecimiento y el desarrollo de vigorosas y abundantes flores y hojas”. Esto se enseña, se aprende, se sabe y se olvida a lo largo y ancho de nuestras vidas… alguien de tanto en tanto nos lo tiene que recordar…

Uno de los temas recurrente en el libro de Clarissa es el hecho de que las mujeres nos olvidamos de nuestra parte salvaje.Por qué ese olvido?
La palabra “salvaje” no tiene nada que ver con la idea habitual de “falta de control”. “La palabra salvaje no se utiliza en su sentido peyorativo moderno con el significado de falto de control sino en su sentido original que significa vivir una existencia natural, en la que la criatura posee una integridad innata y unos limites saludables.
Correr con los lobos no significa, a mi modo de ver, “perder la cabeza”, sino aprender a recuperar la agilidad y el gozo de recorrer senderos olvidados que serpentean en los márgenes de las autopistas y más allá, escapar en cierta medida de los engranajes de la enorme maquinaria social que nos quiere uniformizar, recuperar la alegría profunda de estar vivas y una conciencia despierta, lúcida, que se ven a menudo sepultadas bajo una domesticación excesiva…En la vida moderna los instintos se ven lesionados, los sentidos restringidos, intentamos acallar lo instintivo, menospreciamos lo corpóreo, desconfiamos de nuestras intuiciones, dejamos de lado nuestras inspiraciones… todo esto nos aleja de la vida, de la auto-creación de nuestra propia existencia…

¿Y despues de estos seis años, qué?
El hecho de que hablemos de una duración de seis años para un taller que en sus inicios fue planteado para un tiempo más corto, es para mí ya plenamente satisfactorio. La creación de un espacio que permita reunir varias personas alrededor de un libro durante tantas temporadas a mi modo de ver, responde a la necesidad que hay en muchas mujeres de abordar, cercar, explicitar su propia vida en relación a otro ritmo, a otro tiempo, a otras cualidades y calidad que hemos definido aquí como “salvaje”. Creo que en los talleres, las mujeres crecen, despiertan, progresan juntas, el propio grupo hace función de matriz: nos posibilita nacer a nosotras mismas. Me doy cuenta que para cada una de las participantes, el hecho de verse escuchada, sostenida, reconocida por otras mujeres, tiene un efecto curativo.
Quizás, hay un modo de vivir, de conocer, de sentir, de pensar, de hacer, que podemos entender como femenino (o que nuestra sociedad patriarcal ha etiquetado como “femenino” por contraposición a “masculino”) pero que en el fondo son valores necesarios para toda la humanidad; yo lo llamo un modo “erótico” de vivir, de pensar, de hacer. Un “Eros”, no vivido exclusivamente en su usual faceta sexual, sino un Eros que vincula, interrelaciona, conecta, entreteje, mantiene los lazos entre diversos niveles de la realidad, entre distintas disciplinas, entre diferentes seres,

http://www.tanglewave.com/espanol/bestias.html
http://www.malachuca.com/mc/entorno-emprendedor/mujeres-destacables/muriel-chazalon,correr-con-lobos.html

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