
Los medios de comunicación forman parte de nuestra vida y seamos concientes de ello o no- a partir de la información que nos transmiten, construimos las ideas y opiniones que adoptamos sobre el mundo que nos rodea. Ese mundo, claro está, no puede ser abarcado en su totalidad por los medios: ni la radio, la TV, los periódicos o Internet pueden reflejar eso que definimos como “realidad”.
A partir de criterios específicos acerca de lo que es “noticiable”, en los medios encontramos sólo aquellas informaciones que pueden suscitar el interés del público.
Nadie puede definir exactamente cuáles son los intereses generales, ni hacer una radiografía de los grupos humanos que componen “el público”, pero si reflexionamos un poco, veremos que gran parte de los sucesos de nuestra vida cotidiana no aparece reflejada en los medios, o no aparece en la medida en que debiera. En el caso de la inmigración, la manera en que a veces se informa sobre un acontecimiento, no contribuye a la convivencia entre culturas.
En el caso del fenómeno migratorio en España, vemos con demasiada frecuencia el término Inmigrante vinculado a la categoría de problema, o al ámbito policial y de Justicia. Esta conexión implica para el receptor una asociación de ideas que aporta inquietud y preocupación.
La convivencia intercultural se nutre del respeto, la co- responsabilidad y la información fiable, por lo tanto, existe una responsabilidad social en las partes involucradas en la comunicación: las autoridades, las fuentes informativas, las empresas de comunicación, los periodistas y el público receptor.
La sociedad politica, en especial las autoridades competentes en materia de inmigración se transforman en fuentes informativas de primer nivel para los medios, por ello, es necesario que cuando ofrecen información acerca de cualquier suceso que involucre a inmigrantes lo hagan de manera clara , contextualizada y precisa. Es frecuente que las misma autoridades propaguen tópicos negativos. A muchos políticos les vendría bien leer el artículo “Cinco ideas falsas sobre la inmigración en España” escrito por el eurodiputado Sami Naïr (El Pais del 16 de mayo de 2002).
España y sus administraciones públicas han reaccionado con gran retraso al impacto causado por los flujos migratorios. No siempre han destinando los recursos adecuados para gestionar y reforzar los servicios necesarios . Descansando frecuentemente sobre la acción de las ONG’s y el voluntariado, los portavoces de la sociedad política no han frenado como debieran tópicos tales como “los inmigrantes se llevan todas las ayudas”, encubriendo así la falta de reacción y compromiso político.
Ya sabemos que los medios son empresas y como tales, sus objetivos están atravesados por la rentabilidad, sin embargo, las fuentes informativas y las empresas periodísticas deben evitar la explotación dramática del hecho migratorio, así como la especulación acerca de incidentes en los que se remarca la pertenencia a una u otra nacionalidad. Se ha constatado un desequilibrio evidente en las fuentes que los periodistas consultan frente a un hecho que involucre a inmigrantes. Cuantitativamente, quienes hablan del hecho son las autoridades y las personas autóctonas. Por lo tanto, se ha de velar para que el inmigrante también se transforme en una fuente informativa a consultar, ya que el derecho a la libre expresión es un derecho de todos. Tambien la integridad personal y la dignidad deben ser preservadas, evitando las imágenes de primeros planos que muestren a personas inmigrantes en situación de sufrimiento o muerte.
La empresas además, deben fomentar la formación de sus periodistas en la comprensión del fenómeno migratorio sobre bases fiables, evitando así la reproducción de datos imprecisos.
Los periodistas son los profesionales que están en relación más inmediata con los sucesos que involucran a inmigrantes y están además, sometidos a los criterios y exigencias de las empresas en las que trabajan. Aún así, deben ser concientes de que el tratamiento informativo que den a su trabajo puede derivar en la toma de posición a favor o en contra de determinados colectivos, o en el refuerzo de tópicos que nada aportan a la convivencia.
Todos leemos o escuchamos en los medios el uso indiscriminado de términos incorrectos tales como “sin papeles” para referirse a un extranjero o la identificación de personas en base a su opción religiosa.
No olvidemos que antes que nada, un inmigrante indocumentado es una persona, no un “ilegal”.
Es prioritaria la formación apropiada por parte de los profesionales de la comunicación acerca de la inmigración como fenómeno histórico mundial y el conocimiento de las particularidades culturales de los colectivos que viven hoy en España, no como características exóticas sino como expresión de su bagaje cultural.
En cuanto al público, creemos que tambien cabe a la sociedad civil ser responsable de no propagar informaciones no contrastadas ni tópicos que vulneren los derechos de minorías étnicas o grupos determinados.
En la sociedad de la información cada uno puede, si quiere, valorar los hechos por si mismo, sin caer en simplificaciones ni estereotipos.
Frente al tema de la inmigración en España, es una buena práctica la confrontación de los tópicos con datos fiables al alcance de todos y el simple uso de la memoria colectiva.
Es útil recordar por ejemplo, aquellos años en que Catalunya, Chile, Francia, Argentina, Suiza, Venezuela, Alemania fueron la sociedad de acogida de españoles que también migraron desde Andalucía, Extremadura, Castilla.
Recordar que durante la dictadura franquista, España necesitó de la solidaridad internacional para que muchos españoles pudieran refugiarse como exiliados.
Recordar la tristeza de no poder vivir a gusto en la tierra que uno ama, la sensación de extrañeza frente a un clima y una lengua que no nos es familiar.
Recordar que en aquellos días, eran “los otros” los que nos tendían – o no- una mano.

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